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lunes, 31 de mayo de 2021

GATOS Y DATOS Ramón Illán Bacca

 

Gatos y datos  

Ramón Illán Bacca


No ha vuelto a casa Felina Sixtina y otra vez estoy preguntando a los vecinos por mi gata. He tenido el presentimiento que me va a dar el mismo soponcio que me dio cuando se extravió Felino Fellini. “No sé cuál es la tenacidad con los gatos, esos animales tan ingratos”, me dice una sobrina nieta. “Dios hizo al gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre”, le respondo con una frase que por años cité como si fuera de Borges, pero que ahora el Internet me ha aclarado que pertenece a Aldous Huxley (es tan buena que debería ser de Borges). “El gato tiene el enorme prestigio de haber sido ya un dios ”, doy otra cita, pero ya no busco al autor de la frase. En este alud de información actual ya no se sabe si lo que se dice se oyó en televisión, lo dijo Platón, o es de la propia cosecha.

A los gatos se han dedicado más poesías que a los demás animales, porque si hay algo que redobla el cariño por ellos es su aristocracia. Jamás, por ejemplo, se han rebajado a ser animales de circo. Si se trata de lograr que el gato pase a través de un aro tal vez solo se consiga una mirada desdeñosa y un arrebujarse con más indolencia en el sofá. Seguirá viendo sus telenovelas brasileras, como lo hacía Felina Sixtina.

Para rematar el quebranto, todo se asocia con mi gata. Al visitar a una vieja amiga mélomana, en mi honor puso en su equipo de sonido Claro de Luna, de Debussy. “Parece un gato caminando sobre las teclas”, me dijo en forma cómplice.

Se me encendió el bombillo y recordé un poema que lo asociaba. Buscando en las obras completas de García Lorca, en una edición de Aguilar —en aquellos años muy baratas y ahora de precios imposibles— encuentro el verso que dice: “Debussy fue un gato filarmónico en su vida anterior”. Más aún, en el mismo poema añade: “Francia quiere a los gatos como España al torero, como Rusia la noche, como la China al dragón”.

 No hay la menor duda, el gato ha sido fuente de inspiración de muchos poetas, pero a veces se les va la mano, como cuando Neruda dice: “Si se pudiera cruzar el hombre con el gato resultaría una mejora para el hombre, pero un deterioro para el gato”. Más adelante, o en otro poema, el chileno dice: “El hombre quiere ser pescado y pájaro, el poeta trata de imitar a la mosca, pero el gato quiere ser solo gato”.

 Los cuentos sobre gatos son innumerables, algunos clásicos. Pienso en Los gatos de Ulthar, de H. P. Lovecraft, un cuento de terror, o en uno de Truman Capote en Música para camaleones.

Por contraste, los nombres de gatos famosos no son tantos. Sabemos el de Beppo, el gato de Lord Byron, pero no el innominado de La Chatte, una novela de Colette en la que una esposa celosa mata a su marido, que a su vez adoraba a su gata.

Los gatos de las historietas cómicas y dibujos animados como Tom y Jerry, Silvestre y Piolín y Garfield son gatos antipáticos.

Tal vez se salva El gato Félix, pero ese no lo conocen las nuevas generaciones. Se me olvidaba La gata de Tobita, que tenía el teatral nombre de Desdémona. Y tenemos el malandrín de Michín, de Rafael Pombo.

No sabemos el nombre del gato de Cheshire, el de Alicia en el país de las maravillas, que se disolvía en el aire entre sonrisas; tampoco los del libro de Germán Arciniegas Gatos, patos, armadillos y otros seres humanos. En su poemario Gatos, Darío Jaramillo Agudelo divide a los humanos entre los que practican el gateísmo y los gatólatras, y nos revela el secreto, mas no el nombre, pues “los gatos de esa tierra son dioses mientras duermen”.

 Pero sí sabemos el nombre de Pink Tomate, el gato de la callejera Amarilla en el libro Opio en las nubes, de Rafael Chaparro, fallecido muy joven.

Esta obra, en su adaptación teatral, ha gozado de mucho éxito y el personaje del gato se ha llevado las palmas.

“Que importa si el gato es blanco o negro, con tal que cace ratones”, fue un refrán que inmortalizó Deng Xiaoping al poner a la China en los primeros puestos en la carrera por el desarrollo económico. Una frase utilitaria del gato que no sabemos qué tanto lo interpreta.

No sabemos sus nombres pero allí están —y en cualquier momento daremos con ellos—: el gato con botas, el gato desconocido y el gato encerrado que a lo mejor es una gata. 

Recuperado de: http://manglar.uninorte.edu.co/bitstream/handle/10584/5916/el%20arpa.pdf?sequence=1&isAllowed=y