Creaciones Literarias

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jueves, 23 de enero de 2014

LECTURAS DE REFLEXIÓN

LECTURAS DE REFLEXIÓN

LAS LECTURAS QUE SE PRESENTAN EN ESTA PÁGINA SON TOMADAS DE DIVERSAS FUENTES 

julio 14 de 2014



El verdadero amor

Principio del formulario
Final del formulario
Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio.
Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando este se apaga, en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.
El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente...

Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin respetar los altos, condujo hasta el hospital... Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas.
El pidió a mi hermano teólogo que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó cómo y dónde estaría ella.  Mi padre escuchaba con gran atención.  De pronto pidió:
 "llévenme al cementerio".

Papá -respondimos-, ¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!
Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo:
 “No discutan conmigo por favor. No discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años”.
Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador, con una linterna llegamos a la lápida.
Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos:
 
"Fueron 55 buenos años saben? Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara.
"Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis, cambio de empleo… Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad… compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos… rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores.
Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, y ¿saben por que? Porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida.  Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera..."

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas.
Lo abrazamos y él nos consoló:
 "Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".
Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, mas bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas.
Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de amor era algo que no conocían.
Reflexión:

El verdadero amor dura toda la vida y es uno de los más grandes tesoros que podemos tener en nuestras vidas. El tiempo no espera a nadie. Atesora cada momento que puedas compartir con quienes amas


julio 1 a 4 de 2014



ya que ya morí.


¿Qué sucede? no entiendo, solo sentí un dolor fuerte en la cabeza, mareos y ahora estoy tan confundido. ¿Qué pasa? ¿Por qué mi esposa corre y llora?
Dicen que morí, pero no, estoy aquí pero ellos no me ven y no puedo abrazarlos. Oh ya veo, están trasladando a alguien en una carroza fúnebre, soy yo mismo, ¿Qué extraño!
Veo a mi familia con gran dolor, todos lloran, pero yo solo veo, ya no siento dolor ni tristeza, es como ser un espectador. Pasan los días, mi familia regresa a casa sin mí, les dejo un gran vacío.
Ya alguien ocupa mi puesto de trabajo, todo vuelve a ser como antes, corren, atienden llamadas, hacen pagos, envían documentos, firman planillas, en fin es como si nunca hubiese faltado yo, ¡Qué bien! algunos compañeros se acuerdan de mi a ratos y lamentan que ya no esté.
Sin embargo en mi familia, el vacío persiste, mi esposa llora, esta confundida, no sabe cómo hacer sin mi. Mi hijo pequeño pregunta: - ¿Dónde está papá? y mi esposa le dice que en el cielo. Mi hija mayor acaba de comprender dolorosamente lo que es la muerte, no deja de llorar, no quiere ir a clases, no se puede concentrar, tampoco come. Mi perro se paró en la puerta y de ahí no hay quien lo saque, come, bebe agua y regresa a su puesto de espera.
Pasa el tiempo, mi hijo cumple cuatro años y yo no estoy, el se aferra a su mamá, se ha vuelto tímido y retraído, no hay una figura paterna para él, ya papá no esta...
Mi hija ya de 11 años casi no habla, a veces su mamá la encuentra llorando, bajó mucho las notas y no muestra interés por nada.
Mi querida esposa, con toda la carga sobre sus hombros, la responsabilidad de dos hijos pequeños, tiene que sonreír a los niños para darles fortaleza.
Ya pasaron siete años y todo sigue igual, en casa el vacío, la tristeza, en la empresa donde trabajaba ya nadie me nombra y todo sigue igual sobre la marcha.
¿Sabes qué dijo el forense? Que morí por stress, en mi cerebro se reventó una vena por una subida de tensión que me dio, cuando me llamaron de mi trabajo y me dijeron que de los 10 camiones que solicité sólo llegaron 7. Y todo acabó...
Ahora me doy cuenta que para la empresa que trabajaba siempre era uno mas, completamente reemplazable en cualquier momento, pero que para mi familia era único e irreemplazable.


19 A 25 DE MAYO
LA GAVIOTA Y EL PESCADOR

Una gaviota amaneció volando muy alto sobre el mar. Allá abajo divisó, haciendo espumas entre tanto azul, la barca de un pescador.

-“¡Ah, si yo tuviera una red como la de ese hombre - se dijo la gaviota - no tendría por qué resignarme a agarrar un solo pez tras varios intentos de picada en el agua!”
A su vez, el pescador, embelesado con el vuelo de la gaviota, se decía:
-“Si tuviera el privilegio de ver desde lo alto lo que puedo pescar,no me aventuraría tanto en aguas profundas y ni siquiera me alejaría de la costa en la madrugada, cuando todo pescador es ciego y su oído anda extraviado en la inmensidad”

Reflexión: Muchas personas gastan su vida sin atreverse a ser ellos mismos, sin plantearse cómo en realidad quieren ser o cuál es su misión en la vida. Viven desgarrados por el afán de imitar a otros, por el deseo de parecerse o ser como alguien a quien envidian o admiran.

Educar es ayudar a cada alumno a ser lo que está llamado a ser. A quererse, aceptarse y potenciar todos sus talentos y posibilidades, sabiendo que él es único e irrepetible. Vivir es construirse. La vida exige una lucha tenaz por llegar a ser uno mismo. Sólo ayudarás a otros a ser, si tú te esfuerzas por serlo, si vives comprometido en tu permanente crecimiento interior. Para ayudar a otros a ser auténticos y buenos, tú tienes que esforzarte día a día por ser cada vez mejor.

Sólo es posible respetar y querer a los demás si uno empieza respetándose y queriéndose a sí mismo, lo que implica aceptarse y valorarse por lo que uno es, y no por lo que aparenta ser, ni por lo que tiene o dice tener. Recuerda y vive intensamente el poema"Yo soy yo" de Virginia Satir:


"En todo el mundo, no hay nadie exactamente como yo. Hay personas que tienen algunas partes en que se parecen a mí, pero nadie es idéntico a mí. Por lo tanto, todo lo que sale de mí es auténticamente mío porque yo sola lo elegí. Todo lo mío me pertenece - cuerpo, incluyendo todo lo que éste hace; mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e ideas; mis ojos, incluyendo las imágenes que perciben; mis sentimientos, cualesquiera que estos puedan ser - coraje, alegría, frustración, amor, desilusión, excitación; mi boca, y todas las palabras que salgan de ella, agradables, dulces o bruscas, justas o injustas; mi voz, fuerte o suave; y todos mis actos, sean estos para otros o para mí misma. Me pertenecen mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores. Me pertenecen todos mis triunfos y éxitos, todos mis fracasos y errores. Porque todo lo mío me pertenece, puedo llegar a familiarizarme íntimamente conmigo misma. Y al hacer esto puedo amarme y aceptarme, y aceptar todas las partes de mi cuerpo. Entonces puedo hacer posible que todo lo que me pertenece trabaje para lograr lo mejor para mí. Sé que hay aspectos de mí misma que me confunden, y otros que no conozco. Pero mientras me conozca y me ame, puedo buscar valerosamente y con esperanza la solución a mis confusiones y la forma de conocerme más. La forma como luzca, como suene para los demás, lo que diga o haga, lo que piense y sienta en un momento determinado soy yo. Esto es auténtico y representa dónde estoy en este momento"
tomado de http://hermano-jose.blogspot.com/2009/04/la-gaviota-y-el-pescador.html


12 A 16 DE MAYO

MENSAJE PARA UN HIJO: HIJO AMADO
Posiblemente me mirarás con extrañeza al entregarte esta hoja de papel, y al instante no le darás  mayor importancia porque se hace tarde y en televisión están dando tu programa favorito. Dejarás la hoja sobre tu mesa en el cuarto y allí se quedará hasta que recuerdes que algo te di, que era un pedazo de papel y que seguramente tendrá algunas palabras, te dirás: esas cosas de mi mamá y justo allí lo revisarás para encontrarte con que yo te estoy relatando todo cuanto hiciste antes de llegar a esta línea.
Ojalá yo pudiera sentarme contigo y hablar de estas cosas, pero nunca hay tiempo para ello. Así que la única forma es que te escriba, te diga eso que necesito que sepas pero hablándote con amor, porque no hay intención en mí de regaños ni mucho menos. ¿Sabes algo? Te extraño. Sí, te extraño porque hoy en día ya las cosas no son como antes. El tiempo nos cambia, el entorno nos cambia y para mí eso mismo ha pasado contigo: has cambiado.
Ya no eres el muchacho de hace seis, ocho o diez años atrás y he intentado comprenderlo, entender que es tu forma de ser ahora y esperar que eso sea lo mejor para ti. Te parecerá raro que te diga que te extraño porque siempre nos vemos, pero hijo mío, estar es mucho más que pedir lavar o planchar una camisa, o buscarme cuando te duele la cabeza o el estómago para que yo te diga lo que debes tomar.
Tampoco se trata de un reproche lo que acabo de decir, lo digo con cariño y me encanta ayudarte cuando me necesitas, yo te amo con todo mi ser porque eres mi hijo, pero a veces siento que se te olvida que soy tu madre y que también necesito de tu compañía, de tu comprensión, de tu apoyo para estar bien.
Me costó comprender que un día dejé de ser prioridad en tu vida, que te molestaba que te llamara cuando se hacía tarde porque tú estabas con tus amigos y llegarías a casa cuando quisieras, y no cuando yo te lo pidiera, me costó entender que ahora las palabras de tu novia tienen más peso que las mías, no me cabía en la cabeza que ahora llamar a la novia era indispensable pero llamar a tu madre era opcional, y que ahora te hacía más daño una discusión con tu novia pero en nada te afectaba el no hablar conmigo.
Fue muy duro para mí verte cambiar de actitud, darme cuenta que quedar bien con los demás era más importante que quedar bien con tu familia, porque sabías que sin importar nada siempre contarías con nuestro apoyo.
Hubiera deseado que las cosas no cambiaran, sufrí mucho al ver que sí pasó pero al fin he soltado mi sufrimiento, he soltado las cadenas que me ataban a esperar un comportamiento más acorde a lo que yo esperaba de ti.
Hijo mío, el mayor milagro de la vida es el Amor y el Amor es un Manantial que nunca se seca, por ello no se necesita quitar para dar porque cuanto más amor se da, más Amor se tendrá para compartir. Mi pensamiento es que no necesitas cambiar de prioridad a las personas, no se trata de que si tienes novia la amaras más que a tu madre o porque ames a tu madre no amarás tanto a tu novia. Tu corazón es suficientemente grande para amar a ambas en equilibrio.
Tus amigos son importantes, pero también tu familia lo es. Si puedes hacer tantos sacrificios por tus amigos, también puedes apoyar a tu familia como tu familia lo ha hecho contigo, incluso más que los amigos que tanto defiendes. Me siento muy contenta de que ames y te amen, que ayudes a otras personas, me encanta ver todo eso que has conseguido y estoy muy orgullosa de ti. Yo te adoro.
Ojalá no hayas olvidado lo mucho que yo te amo, y si en algún momento lo hiciste pues ahora mismo te lo recuerdo.
Tu felicidad siempre será la mía. Cuando me necesites ya sabes dónde encontrarme, aquí estaré esperando y siempre disponible.

Yo soñaba contigo,
con tu cumpleaños y caminar
y un día dejé de sentirte conmigo
porque tu rumbo cambió en el andar.
Hoy tan sólo sueño que seas feliz,
y que sepas que aquí estaré,
que sepas que aquí estará
el amor de tu mamá…

5 A 9 DE MAYO
EL AMOR Y LA LOCURA

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.
Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura, como siempre tan loca les propuso: “¿jugamos al escondite? La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: “¿al escondite?” ¿Y cómo es eso?
“Es un juego”, explicó la locura, “en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras vosotros os escondéis, y cuando haya terminado de contar, al primero de vosotros que encuentre, ocupará mi lugar para continuar con el juego”.
El entusiasmo bailó sepultado por la euforia, la alegría dio tantos saltos, que terminó por convencer a la duda e incluso a la apatía, a la que nunca les interesaba nada. Pero no todos quisieron participar: la verdad prefirió no esconderse ¿para qué si al final siempre la hallaban? La soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya), y la cobardía prefirió no arriesgarse.
“Un , dos , tres…”, comenzó a contar la locura.
La primera en esconderse fue la pereza, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra; la fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba el parecía maravilloso para alguno de sus amigos,
- Que si un lago cristalino ideal para la belleza, que si la rendija de un árbol para la timidez, que si el vuelo de la mariposa lo mejor para la voluptuosidad, que si una ráfaga de viento magnífica para la libertad…- así terminó por ocultarse en un rayito de sol.
El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo… pero sólo para él.
La mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris), y la pasión y el deseo, en el centro de los volcanes. El olvido… se olvidó de esconderse, mientras que el Miedo huía de una avispa.
Y así fueron apareciendo el resto.
Cuando estaban todos reunidos la Curiosidad preguntó:
-¿Dónde está el Amor?.
- Nadie lo ha visto. La Locura empezó a buscarlo.
Buscó por las montañas, por los ríos, por debajo de las piedras… y el Amor no aparecía.
Buscando por todos los lados, la Locura vio un rosal, cogió un palo y empezó a buscar entre las ramas, cuando de repente escuchó un grito.
Era el Amor, gritando porque se le había clavado una espina de una rosa.
La Locura no sabía que hacer. Le pidió disculpas, imploró perdón y prometió seguirle para siempre. El Amor aceptó sus disculpas.
Por eso, desde entonces el Amor es ciego y la Locura siempre le acompaña.


28 abril  a 2 mayo
¿QUÉ ES LA RIQUEZA?

A dos grupos de personas se les hizo la siguiente pregunta:
¿Qué es la riqueza?

El primer grupo contestó de la siguiente manera:

Arquitecto: Tener proyectos que me permitan ganar mucho dinero.
Ingeniero: Desarrollar sistemas que sean útiles y muy bien pagados.
Abogado: Tener muchos casos que dejen buenas ganancias y tener un BMW.
Médico: Tener muchos pacientes y poder comprar una casa grande y bonita.
Gerente: Tener la empresa en niveles de ganancia altos y crecientes.
Atleta: Ganar fama y reconocimiento mundial, para estar bien pagado.

El segundo grupo contestó lo siguiente:

Preso de por vida: Caminar libre por las calles.
Ciego: Ver la luz del sol y a la gente que quiero.
Sordo: Escuchar el sonido del viento y cuando me hablan.
Mudo: Poder decir a las personas cuánto las amo.
Inválido: Correr en una mañana soleada.
Persona con una enfermedad terminal: Poder vivir un día más.
Huérfano: Poder tener a mi mamá, mi papá, mis hermanos, y mí
Familia.

"No midas tu riqueza por el dinero que tienes, mide tu riqueza por aquellas cosas que no cambiarías por dinero"
 
21 a 25 abril

14 al 18 de abril


 7 al 11 de abril

SEÑOR CURA
Autor desconocido

De un pueblo, a una Iglesia
Cierto día, penetró una pálida mujer
Con trabajo llegó a la sacristía, diciendo:
Al señor cura quiero ver.
Pasa, buena mujer – díjole el cura
A mis plantas no caigas de rodillas
Debes estar enferma de amargura
Para tener tan blancas la mejillas

Pero ven, pasa, siéntate, ¿estás cansada?
Algún dolor tu corazón oprime.
-Si padre, pues estoy excomulgada,
Es tan grande el pecado cometido
Y es tanto lo que debo confesar,
Que al sentirme morir, aquí he venido
Para ver si alguien me puede perdonar.

Pero no me llevéis hasta el santuario,
Dejadme aquí, mi voz se está extinguiendo,
Ya no es preciso del confesionario,
Pues vos, podréis mirar que estoy muriendo.

Ya caminar no puede mi cuerpo maltratado,
Ni siquiera llorar pueden mis ojos,
De ellos sólo dos cuevas han quedado,
Donde solo reflejan despojos.

Miradme bien, pues voy a confesarme
Culpable del pecado cometido,
Todo comenzó por permitir besarme
De aquél que me hubo seducido.

Es la historia de siempre señor cura
Llega un hombre, nos seduce,
Y cuando hay existencia de ternura,
De la mano a un infierno nos conduce.

Más no es este el pecado,
Sino aquello que cometí por no encontrar cobijo,
Cobarde abandoné lo único bello,
Que la existencia nos da en forma de hijo.

Mis padres me expulsaron del hogar,
El pueblo entero me cerró las puertas,
Y no pude encontrar ningún lugar
Donde guardar mis esperanzas muertas.

Me refugié del campo en la maleza
Di a luz entre yerbas y zarzales,
Clamé al cielo, inclinando la cabeza,
Y mi hijo, durmió en los matorrales.

Mis ropas desgarré para arroparlo,
Lo quise alimentar inútilmente,
Me quise suicidar, a él matarlo,
Pero fui para el crimen impotente.

Con el en brazos regresé al hogar,
Para llevarlo al lado de mi madre,
No fue aceptado, pues iba a deshonrar
El buen nombre y la casa de mi padre.

Así vagué sin rumbo con mi hijo,
Y al sentirme del pueblo un mal ejemplo,
Abandoné a mi hijo es este pueblo.

Lo hice así, por que miré al pasar
Que salía toda la gente del rosario,
Solo él templo quedó, me puse a orar
Y a mi hijo abandoné en el santuario.

Al señor del calvario dije orando,
Mi hijo es inocente, yo pequé,
En tu casa señor lo estoy dejando
Con un papel que dice, soy José.

Igual que hoy,
Así salí de este lugar padre bendito,
Me tambalee al salir,
Porque sentí que estaba cometiendo un gran delito.

En la calle escuchaba el llanto de mi hijo,
Que tal vez por mí clamaba,
O era que llegó a sentir espanto,
Al mirar que su madre lo dejaba.

Pero no me volví,
Seguí de frente,
Dejando el corazón en mis pisadas,
Pensando que el destino era inclemente,
Sintiendo nublarse las miradas.

Cuantas cosas viví desde aquel día,
Infamias, vejaciones, amarguras,
Sedienta descubría algo de mi hijo
En las demás criaturas.

En los parques formaban corrillos,
Haciendo comprender que estaba loca,
Pues con ansia le rogaba a los chiquillos,
Que me dieran algún beso de su boca.

Ya me voy a morir,
Y no he tenido la dicha de que mi hijo me besara,
El no me besará,
Pero he venido a morir, a donde a él lo abandonara.

Pídele a Dios que me perdona,
Pídele  que haga al mundo más humano,
Para que así, una madre no abandone,
A su hijo para hundirse en el pantano.

Pero vos, ¿Por qué lloras por mi pecado,
Usted señor que de Dios es emisario?
Si voz creéis que Dios me ha perdonado,
Ponedme el crucifijo de un rosario.

Fue lo único que dijo,
Como breve murmullo de algún rezo,
El cura dio en ese momento
A la muerta en la frente, un dulce beso.

El cura se inclinó mientras decía,
Poniéndole a la muerta el crucifijo,
-Dios ha de perdonarte, Madre mía,
Y yo le voy a pedir, por ser tu Hijo






marzo 31 a abril 4
la silla


La hija de José le pidió al sacerdote que fuera a visitar a su padre, para hacer una oración junto a él, ya que estaba muy enfermo.
Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a José en su cama con la cabeza apoyada sobre un par de almohadas. Había una silla junto a su cama. El sacerdote pensó que el hombre esperaba alguna visita.

-¿Supongo que me estaba esperando?, le dijo el sacerdote.
-No, ¿quién es usted?, le dijo el hombre.
-Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted; cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo vendría.
-La silla. . . acérquese dijo José, le voy a contar algo.
-Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando asistía a la Iglesia escuché algo sobre la oración, pero nunca entendí cómo debía orar. Pero hace unos cuatro años, mi mejor amigo me dijo:
-José, orar, es simplemente tener una conversación con Jesús. Te sugiero que hagas lo siguiente, siéntate en una silla y pon otra vacía frente a ti, luego empieza a conversar con Jesús, sabiendo por la fe que Él está sentado delante de ti. No es algo alocado, pues ÉL mismo nos dijo: "Yo estaré siempre con ustedes”. Por lo tanto, tú le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora.
-Así lo hice y me gustó tanto, que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado de que mi hija no vea... ella creería que me estoy volviendo loco.
El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar a José.
-Lo que estás haciendo es muy bueno, nunca dejes de hacerlo. Luego hizo una oración con él, lo bendijo y se fue.
Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. Él se interesó en saber cómo había sucedido y la hija le explicó:
-Cuando salí de casa me llamó para que fuera a verle. Me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de hacer las compras, una hora más tarde ya había fallecido.
-Pero hay algo extraño respecto de su muerte, añadió la hija. Aparentemente antes de morir, se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, como si se apoyara sobre el regazo de alguien. ¿Qué cree usted que puede significar esto?
 El sacerdote se secó las lágrimas y con emoción le respondió: ¡Cómo desearía que todos pudiésemos irnos de esa manera!



MARZO 24 A 28
LA MALETA DEL HOMBRE MUERTO



Un hombre murió. Al darse cuenta vio que se acercaba Dios y que llevaba una maleta consigo. Y Dios le dijo: 

-Hijo es hora de irnos. El hombre asombrado preguntó: 

-¿Ya? ¿Tan pronto? Tenía muchos planes.... 

-Lo siento pero es el momento  de tu partida. 

-¿Que traes en la maleta? 

-preguntó el hombre-. Y Dios le respondió: 

-Tus pertenencias... 

-¿Mis pertenencias? ¿Traes mis cosas, mi ropa, mi dinero? Dios le respondió: 

-Eso nunca te perteneció, eran de la tierra. -¿Traes mis recuerdos? 

-Esos nunca te pertenecieron, eran del tiempo. 

-¿Traes mis talentos? -Esos no te pertenecieron, eran de las circunstancias. 

-¿Traes a mis amigos, a mis familiares? -Lo siento, ellos nunca te pertenecieron, eran del camino. 

-¿Traes a mi mujer y a mis hijos? 

-Ellos nunca te pertenecieron, eran de tu corazón. 

-¿Traes mi cuerpo? 

-Nunca te perteneció, ese era del polvo. 

-Entonces, ¿traes mi alma? 

-No. Esa es mía. Entonces el hombre lleno de miedo, le arrebató a Dios la maleta y al abrirla se dio cuenta que estaba vacía. Con una lágrima de desamparo brotando de sus ojos, el hombre dijo: 

-¿Nunca tuve nada? 

-Así es, cada uno de los momentos que viviste fueron sólo tuyos. La vida es sólo un momento. Un momento sólo tuyo. Por eso, mientras estés a tiempo disfrútalo en su totalidad. Que nada de lo que crees que te pertenece te detenga. Vive el ahora vive y no te olvides de ser feliz, es lo único que realmente vale la pena. Las cosas materiales y todo lo demás por lo que luchaste, se quedan aquí. Valora a quienes te valoran, no pierdas el tiempo con alguien que no tiene tiempo para ti.

marzo 17 al 21



¿Qué hacemos?     ¿Qué decimos?



El semáforo se puso amarillo justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto: se detuvo en el paso cebra de peatones,  a pesar de que podría haber rebasado la luz roja, acelerando a través de la intersección. La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa. Le tocó el claxon con insistencia durante un largo rato e hizo comentarios negativos en voz alta, ya que por culpa suya no pudo avanzar a través de la intersección… y para colmo, se le cayó el celular y se le estropeó el maquillaje.



En medio de su pataleta, oyó que alguien le tocaba el cristal de la puerta. Allí, parado junto a ella, estaba un policía mirándola muy seriamente. El oficial le ordenó salir de sucoche con las manos arriba, y le detuvo. Le llevó a la comisaría donde le revisaron de arriba abajo, le tomaron fotos, las huellas dactilares y le pusieron en una celda.
 Después de un par de horas, un policía se acercó a la celda y abrió la puerta. La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus efectos personales:

– “Señora, lamento mucho este error”, le explicó el policía. “Le mandé bajar mientras usted se encontraba tocando el claxon repetidamente, como queriendo pasar por encima al automóvil de  delante, maldiciendo, gritando improperios y diciendo palabras soeces. Mientras la observaba, me percaté de que de su retrovisor colgaba un Rosario y que su coche tiene en el parachoques un adhesivo  que dice  ‘¿Qué haría Jesús en mi lugar?’. Además, ví un adhesivo que decía ‘Yo escojo la Vida’ y otro que decía ‘Sígueme el Domingo a la Iglesia’ y, finalmente, el emblema cristiano del pez. Como es de esperar, supuse que el automóvil era robado.”
Este simpática historia muestra la importancia de ser coherentes entre lo que creemos y lo que hacemos



marzo 10 al 14

poesía de Gioconda Belli 
"Ocho de Marzo" (leerla en el blog)




marzo 3 al 7

EL RATÓN Y LA RATONERA



Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y su esposa abriendo un paquete.. Pensó, luego, qué tipo de comida podía haber allí..
Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera (Trampa para Ratones). Fue corriendo al patio de la Granja a advertir a todos:

"Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!"

La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levanto la cabeza y
dijo:"

Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted,
más no me perjudica en nada, no me incomoda."

El ratón fue hasta el cordero y le dice: "Hay una ratonera en la casa, una ratonera!" ... "Discúlpeme Sr. Ratón, más no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones."

El ratón se dirigió entonces a la vaca! ., y la vaca le dijo "Pero acaso, estoy en peligro? Pienso que no" dijo la vaca.

Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a
la ratonera del granjero.

Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado.

En la oscuridad, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una cobra
venenosa. La cobra picó a la mujer.

El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre.
Todo el mundo sabe que para alimentar alguien con fiebre, nada mejor que una sopa. El granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente
principal: la gallina.

Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató el cordero. La mujer no mejoró y acabó muriendo.

El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir! los gastos
del funeral.

"La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo, no le prestas atención..........piénsalo dos veces".



febrero 24 al 28 
La botella



Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed.  Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo.  El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde 

acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto.

Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada.  Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía.
Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la 

limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: "Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes 

de marchar".
El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua... ¡llena de agua! De pronto, se 

vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el 

agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca... o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje?
¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?
Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a 

rechinar, pero ¡ nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de 

agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia... Agua fresca, cristalina.
Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase:
"Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente".
Hay muchas lecciones que podemos extraer de esta historia. Muchas veces tenemos miedo de iniciar un 

nuevo proyecto porque demandará una gran inversión de tiempo, recursos, preparación y conocimiento. Muchos 

se quedan parados satisfaciéndose con los resultados mediocres, cuando podrían lograr grandes victorias.
Muchas veces tenemos grandes oportunidades que se nos presentan en la vida y que pueden ayudarnos a ser 

mejores personas o pueden abrirnos puertas nuevas que nos conducen a un mundo mejor... pero tememos... no 

confiamos.

La vida es un desafío, ¿por qué no nos arriesgamos?, ¿por qué no creemos? El tren pasa algunas veces por nuestra vida cargado de cosas... podemos arriesgarnos y subir... o dejarlo pasar... ¿Y si no vuelve? ¿Y si esa oportunidad que hoy dejamos pasar no se repite?


febrero 17 a 21 de 2014



El pescador



Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño cuando llegó un bote con un solo pescador.


Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó ¿cuánto tiempo le había tomado pescarlos?

El pescador respondió que sólo un de poco tiempo.

El americano luego le preguntó ¿porqué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado?

El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.

El americano luego preguntó ¿pero qué hace usted con el resto de su tiempo?

El pescador dijo, "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora María, caigo todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida "placentera y ocupada".

El americano replicó, "Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes y eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros.
En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías, hacer directamente a un procesador y eventualmente abrir tu propia procesadora.
Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución.
Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a La Capital, donde manejarías tu empresa en expansión".
El pescador preguntó, ¿Pero, cuánto tiempo tarda todo eso?
A lo cual respondió el americano, "entre 15 y 20 años".
"¿Y luego qué?"
El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. "Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.

"Millones ...  y ¿luego qué?"

Dijo el americano: "Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocas guitarra con tus amigos".
El pescador respondió: "¿Acaso eso no es lo que tengo ya?"
MORALEJA:
Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos.
La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal por aquello que no tenemos.
"Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas"
¡LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO!



FEBRERO 10 AL 14 DEL 2014 


El alma y las 4 esposas del Rey


Había una vez un rey que tenia cuatro esposas.  Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás, la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Solo le daba lo mejor.
También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.
También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.
La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, él no amaba a su primera esposa, y aunque ella le amaba profundamente, apenas se fijaba en ella.
Un día, el rey enfermó y se dio cuenta que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló: "Ahora tengo cuatro esposas conmigo, pero cuando muera... ¡estaré solo!".
Así que le preguntó a su cuarta esposa:
"Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo... ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?"
"¡Ni pensarlo!", contestó la cuarta esposa, y se alejó sin decir más palabras.
Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.
El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa:
"Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?"
”¡No!”. Contestó su tercera esposa. "¡La vida es demasiado buena! ¡Cuándo mueras, pienso volver a casarme!"
Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frío.
Entonces preguntó a su segunda esposa:
"Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?"
"¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez!", Contestó la segunda esposa. "Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte".
Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.
Entonces escuchó una voz:
"Me iré contigo y te seguiré donde sea que tú vayas". El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición...
Profundamente afectado, el monarca dijo:
"¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!"
En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.
Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo.
No importa cuanto tiempo y esfuerzo invitamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando nos muramos.
Nuestra tercera esposa es nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, irán a parar a otros.
Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos.
No importa cuánto nos hayan sido de apoyo aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y nuestra primera esposa es el alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañara donde quiera que vayamos.
Así que..., ¡Cultívala, fortalécela y cuídala ahora! Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo. 
¡Déjala brillar!


FEBRERO 3 AL 7 DEL 2014

PAGADO CON UN VASO DE LECHE

Un joven que pagaba sus estudios trabajando de vendedor ambulante, sentía hambre pero no tenía dinero para almorzar. Decidió vencer la vergüenza que le daba mendigar y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase. No obstante, perdió su nervio cuando una hermosa joven le abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió solo un vaso de agua.

Ella, sin embargo, se apiadó de el y le trajo un vaso de leche. El se lo tomó tímidamente y preguntó, -¿Cuanto le debo?

-No me debe nada, respondió ella. -Mi madre nos enseñó a nunca aceptar pago por hacer un favor.

-Entonces le agradezco de corazón, respondió el joven.

Aquel joven llamado Howard Kelly se fue de aquella casa, no solo sintiéndose fortalecido en su cuerpo sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.

Muchos años mas tarde aquella joven, ya mayor, se enfermo gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron al hospital de una gran ciudad donde practicaba un famoso especialista en aquella enfermedad.

Cuando el médico se dio cuenta del nombre de su nueva paciente y del pueblo de procedencia, inmediatamente se levantó y fue a verla. La reconoció inmediatamente. Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar su vida. La lucha fue larga pero la señora se salvó.

Por su parte la señora andaba muy preocupada sabiendo que el precio de su estancia en el hospital sería astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió órdenes que le pasaran a el la cuenta final. Después de examinarla escribió un mensaje al pie de la cuenta antes de que fuese enviada a la señora.

Ella abrió aquella cuenta con gran temor, pensando que pasaría el resto de sus días pagándola. Finalmente miró y cual fue su asombró cuando leyó al pie de la lista de enormes cifras:

Todo Pagado por completo con un vaso de leche.
Firmado: Dr. Howard Kelly.

ESTA FUE UNA HISTORIA REAL
LES COMPARTO PARTE DE LA BIOGRAFIA DEL DOCTOR KELLY

KELLY, EL CIRUJANO GINECOLÓGICO 
De ascendencia irlandesa y perteneciente a una familia de profundas convicciones religiosas. Leía la Biblia a diario. Nació en Camden, Nueva Jersey, en febrero de 1858. En 1833, en Kensington, funda el Hospital Kelly para Mujeres, uno de los primeros en los Estados Unidos dedicados únicamente a la obstetricia y enfermedades de la mujer,



 A sus ochenta años, por obvias razones, dejó la cirugía,. El 12 de febrero de 1934 a sus 85 años ese año, murió de uremia y neumonía en el Hospital Union Memorial de Baltimore, falleció unas pocas horas antes que su esposa, quien se encontraba recluída en habitación contigua y muriera, 



 27 A 31 ENERO
UNO CRECE 
Imposible atravesar la vida …sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio. Ese es el costo de vivir.
Sin embargo lo importante no es lo que suceda, sino, cómo se reacciona.
Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.
Uno crece…
Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe. Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo. Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir. Crece cuando supera, se valora y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando huellas, asimila experiencias… ¡Y siembra raíces!
Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes, cuando cumple con su labor. Uno crece cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento… ¡Y humano por nacimiento!
Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas, recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo. Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse con residuos de flores… ¡Y de encenderse con residuos de amor!
Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe. Uno crece cuando se planta para no retroceder… Cuando se defiende como águila para no dejar de volar… Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella.

Entonces… Uno Crece .





ENERO 13 AL 16
“La oportunidad”
Hoy que inicias un nuevo ciclo escolar te propongo la siguiente reflexión.
1. Ya no eres niñ@ -lo siento-, ese tiempo ya pasó, eres adolescente y puedes hacer más y mejores cosas. Ten conciencia de ello y ten cuidado con lo que haces, pues a tu edad es fácil perderse.
2. Esta es una nueva etapa en tu destino, es una oportunidad que la vida te dio para que seas mejor. No hay mañana para empezar, es hoy.
3. Considera que en este momento estás exactamente igual que tus demás compañeros de grupo, no eres mejor ni peor, al inicio de cada etapa de la educación nadie se distingue por nada. Tienes un 10 de calificación, consérvalo siempre.
4. La vida te puso aquí por alguna razón, y aquí mismo tienes que demostrar que eres mejor que los demás.
5. A la escuela viniste a estudiar y a aprender cosas positivas, no lo olvides.
6. No hay materias imposibles de pasar, todas están hechas para la capacidad que hoy tienes.
7. ¿Qué tanto quieres progresar en la vida? Disciplina es orden y orden es progreso.
8. Respeta a los demás y exige el respeto de todos. Ocúpate de tus cosas y deja que los demás se ocupen de las suyas, y si acaso no lo hicieren es asunto de ellos.
9. En ocasiones tendrás que ayudar a los demás y otras veces recibirás ayuda. Pero entiende y aplica bien la palabra ayuda, pues es fácil crear vicios de tanto “ayudar” o caer en ellos de tanto recibir “ayuda”.
10. Administra bien tu tiempo. Todo se puede hacer, pero tienes que asignar un momento para cada cosa. Dale mayor importancia y tiempo a las cosas que te traerán beneficios. El tiempo es como el dinero: debe invertirse no gastarse, y no debe utilizarse para comprar lo que quieras sino lo que necesites.
11. Si algo debe quedar bien claro en tu cerebro es que no hay imposibles. Puedes ser lo que quieras, grande o pequeño como quieras. Todo empieza en la imaginación, imagina que eres el mejor y lo serás, imagina que puedes y podrás. Pero tienes que acompañar tu pensamiento con la acción, de lo contrario no pasarás de ser un soñador.
Tienes un horizonte lleno de posibilidades, no desaproveches esta nueva oportunidad que la vida te dio.

S i n c e r a m e n t e

Ing.   I.   Guerrero   Z.

                                          ENERO 20  AL 24 DEL 2014 
La lucha de la mariposa
(aportación de  Alejandra Sandoval)

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver

a la  mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio

y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba
por poder salir de capullo.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del

pequeño orificio en el capullo, hasta que llego un momento en el que aparentemente

no progresaba en su intento.

Pareció que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar

a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo

más grande, y así fue que por fin la mariposa pudo salir.

Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas

y dobladas. El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante

crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado
que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedió y la mariposa solamente podía
arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado,  y con sus alas Nunca pudo llegar
a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la

apertura del capullo y la lucha requerida por la  mariposa, para salir por él diminuto

agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa
hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

Libertad y el volar solamente podrán llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de

la lucha,  también le fue privada su salud, la vida. Si Dios nos permitiese progresar por

nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser
tan fuertes como podíamos haberlo sido.  ¡Cuánta verdad hay en esto!

Cuántas veces hemos querido evitar el camino de las dificultades, tomando esas tijeras

y recortando el esfuerzo para poder ser libres. Necesitamos recordar que nunca

recibimos más de lo que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y
caídas, somos fortalecidos, así como el oro es refinado con el fuego.

Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no

debemos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos tener.

No pensemos ni nos enfoquemos en lo que no tenemos, disfrutemos cada instante de

cada día por lo que tenemos y nos ha sido dado.





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NORMAS ICONTEC


  LAS NORMAS ICONTEC (Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación)
sigue este  link para obtener toda la información.

http://es.scribd.com/doc/113096849/Normas-icontec

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EL RASTRO DE TU SANGRE EN LA NIEVE

Gabriel García Márquez
(Aracata, Colombia 1928—)


El rastro de tu sangre en la nieve


         Al anochecer, cuando llegaron a la frontera, Nena Daconte se dio cuenta de que el dedo con el anillo de bodas le seguía sangrando. El guardia civil con una manta de lana cruda sobre el tricornio de charol examinó los pasaportes a la luz de una linterna de carburo, haciendo un grande esfuerzo para que no lo derribara la presión del viento que soplaba de los Pirineos. Aunque eran dos pasaportes diplomáticos en regla, el guardia levantó la linterna para compro bar que los retratos se parecían a las caras.
         Nena Daconte era casi una niña, con unos ojos de pájaro feliz y una piel de melaza que todavía irradiaba la resolana del Caribe en el lúgubre anochecer  de enero, y estaba arropada hasta el cuello con un abrigo de nucas de visón que no podía comprarse con el sueldo de un año de toda la guarnición fronteriza. Billy Sánchez de Avila, su marido, que conducía el coche, era un año menor que ella y casi tan bello y   llevaba una chaqueta de cuadros escoceses y una gorra  de pelotero. Al contrario  de su esposa, era alto y atlético y tenía las mandíbulas de hierro de los matones tímidos. Pero lo  que revelaba mejor la condición de ambos era el automóvil platinado, cuyo interior exhalaba un aliento de bestia viva, como no se había visto otro por aquella frontera de pobres. Los asientos posteriores iban atiborrados de maletas demasiado nuevas y muchas cajas de regalos todavía sin abrir. Ahí estaba, además el saxofón tenor que había sido la pasión dominante en la vida de Nena Daconte antes de que sucumbiera al amor contrariado de su tierno pandillero de balneario.
         Cuando el guardia le devolvió los pasaportes sellados, Billy Sánchez le preguntó dónde podía encontrar una farmacia para hacerle una cura en el dedo a su mujer, y el guardia le gritó contra e1 viento que preguntaran en Hendaya, del lado francés. Pero los guardias s de Hendaya estaban sentados  a la mesa en mangas de camisa, jugando barajas mientras comían pan mojado en tazones de vino dentro de una garita de cristal cálida y bien alumbrada, y les bastó con ver el tamaño y la clase del coche para indicarles por señas que se internaran en Francia. Billy Sánchez hizo sonar varias veces la bocina, pero los guardias no entendieron que los llama—ban, sino que uno de ellos abrió el cristal y les gritó con más rabia que el viento: Merde! Allez—,. es pece de con!
         Entonces Nena Daconte salió del automóvil envuelta con el abrigo hasta las orejas, y le preguntó al guardia en un francés perfecto dónde había una farmacia. El guardia contestó por costumbre con la boca llena de pan que eso no era asunto suyo. Y menos con semejante borrasca, y cerró la ventanilla. Pero luego se fijó con atención en la muchacha que se chupaba el dedo herido envuelta en el destello de los visones naturales, y debió confundirla con una aparición mágica en aquella noche de espantos, porque al instante cambió de humor. Explicó que la ciudad más cercana era Biarritz, pero que en pleno invierno y con aquel viento de lobos, tal vez no hubiera una farmacia abierta hasta Bayona, un poco más adelante.
         —¿Es algo grave? —preguntó.
         —Nada —sonrió Nena Daconte, mostrándole el dedo con la sortija de diamantes en cuya yema era apenas perceptible la herida de la rosa—. Es sólo un pinchazo.
         Antes de Bayona volvió a nevar. No eran más de las siete, pero encontraron las calles desiertas y las casas cerradas por la furia de la borrasca, y al cabo de muchas vueltas sin encontrar una farmacia decidieron seguir adelante. Billy Sánchez se alegró con la decisión. Tenía una pasión insaciable por los automóviles raros y un papá con demasiados sentimientos de culpa y recursos de sobra para complacerlo, y nunca había conducido nada igual a aquel Bentley convertible de regalo de bodas. Era tanta su embriaguez en el volante, que cuanto más andaba menos cansado se sentía. Estaba dispuesto a llegar esa noche a Burdeos, donde tenían reservada la suite nupcial del hotel Splendid, y no habría vientos contrarios ni bastante nieve en el cielo para impedirlo. Nena Daconte, en cambio, estaba agotada, sobre todo por el último tramo de la carretera desde Madrid, que era una cornisa de cabras azotada por el granizo. Así que después de Bayona se enrolló un pañuelo en el anular apretándolo bien para detener la sangre que seguía fluyen—do, y se durmió a fondo. Billy Sánchez no lo advirtió sino al borde de la media noche, después de que acabó de nevar y el viento se paró de pronto entre los pinos, y el cielo de las landas se llenó de estrellas glaciales. Había pasado frente a las luces dormidas de Burdeos, pero sólo se detuvo para llenar el tanque en una estación de la carretera pues aún le quedaban ánimos para llegar hasta París sin tomar aliento. Era tan feliz con su juguete grande de 25.000 libras esterlinas, que ni siquiera se preguntó si lo sería también la criatura radiante que dormía a su lado con la venda del anular empapada de sangre, y cuyo sueño de adolescente, por primera vez, estaba atravesado por ráfagas de incertidumbre. Se habían casado tres días antes, a 10.000 kilómetros de allí, en Cartagena de Indias, con el asombro de los padres de él y la desilusión de los de ella, y la bendición personal del Arzobispo Primado. Nadie, salvo ellos mismos, entendía el fundamento real ni conoció el origen de ese amor imprevisible. Había empezado tres meses antes de la boda, un domingo de mar en que la pandilla de Billy Sánchez se tomó por asalto los vestidores de mujeres de los balnearios de Marbella. Nena Daconte había cumplido apenas dieciocho años, acababa de regresar del internado de la Chattelainie, en Stblaise, Suiza, hablando cuatro idiomas sin acento y con un dominio maestro del saxofón tenor, y aquel era su primer domin—go de mar desde el regreso. Se había desnudado por completo para ponerse el traje de baño cuando empezó la estampida de pánico y los gritos de abordaje en las casetas vecinas, pero no entendió lo que ocurría hasta que la aldaba de su puerta saltó en astillas y vio parado frente a ella al bandolero más hermoso que se podía concebir. lo único que llevaba puesto era un calzoncillo lineal de falsa piel de leopardo, y tenía el cuerpo apacible y elástico y el color dorado de la gente de mar. En el puño derecho, donde tenía una esclava metálica de gladiador romano, llevaba enrollada una cade—na de hierro que le servía de arma mortal, y tenía colgada del cuello una medalla sin santo que palpitaba en silencio con el susto del corazón. Habían estado juntos en la escuela primaria y habían roto muchas piñatas en las fiestas de cumpleaños, pues ambos pertenecían a la estirpe provinciana que manejaba a su arbitrio el destino de la ciudad desde los tiempos de la Colonia, pero habían dejado de verse tantos años que no se reconocieron a primera vista. Nena Daconte permaneció de pie, inmóvil, sin hacer nada por ocultar su desnudez intensa. Billy Sánchez cumplió entonces con su rito pueril: se bajó el calzoncillo de leopardo y le mostró su respetable animal erguido. Ella lo miró de frente y sin asombro.
         —Los he visto más grandes y más firmes—  dijo, dominando el terror, de modo que piensa bien lo que vas a hacer, porque conmigo te tienes que comportar mejor que un negro.
         En realidad, Nena Daconte no sólo era virgen sino que nunca hasta entonces había visto un hombre desnudo, pero el desafío le resultó eficaz único que se le ocurrió a Billy Sánchez fue tirar un puñetazo de rabia contra la pared con la cadena enrollada en la mano, y se astilló los huesos. Ella lo llevó en su coche al hospital, lo ayudó a sobrellevar la convalecencia, y al final aprendieron juntos a hacer el amor de la buena manera. Pasaron las tardes difíciles de junio en la terraza interior de la casa donde habían muerto seis generaciones de próceres en la familia de Nena Daconte, ella tocando canciones de moda en el saxofón, y él con la mano escayolada contemplándola desde el chinchorro con un estupor sin alivio. La casa tenía numerosas ventanas de cuerpo entero que daban al estanque de podredumbre de la bahía, y era una de las más grandes y antiguas del barrio de la Manga, y sin duda la más fea. Pero la terraza de baldosas ajedrezadas donde Nena Daconte tocaba el saxofón era un remanso en el calor de las cuatro, y daba a un patio de sombras grandes con palos de mango y matas de guineo, bajo los cuales había una tumba con una losa sin nombre, anterior a la casa y a la memoria de la familia. Aun los menos entendidos en música pensaban que el sonido del saxofón) era anacrónico en una casa de tanta alcurnia. “Suena como un buque había dicho la abuela de Nena Daconte cuando lo oyó por primera vez.  Su madre había tratado en vano de que lo tocara de otro modo, y no como ella lo hacia por comodidad, con la falda recogida hasta los muslos y las rodillas separadas, y con una sensualidad que no le parecía esencial para la música “No me importa qué instrumento toques –le decía— con tal de que lo toques con las piernas cerradas”. Pero fueron esos  ares de adioses de buques y ese encarnizamiento de amor los que le permitieron a Nena Daconte romper la cáscara amarga de Billy Sánchez. Debajo de la triste reputación de bruto que él tenía muy bien sustentada por la confluencia de des apellidos ilustres, ella descubrió un huérfano asustado y tierno. Llegaron a conocerse tanto mientras se le soldaban los huesos de la mano, que él mismo se asombró de la fluidez con que ocurrió el amor cuando ella lo llevó a su cama de doncella una tarde de lluvias en que se quedaron solos en la casa. Todos los días a esa hora, durante casi dos semanas, retozaron desnudos bajo la mirada atónita de los retratos de guerreros civiles y abuelas insaciables que los habían precedido en el paraíso de aquella cama histórica. Aun en las pausas del amor permanecían desnudos con las ventanas abiertas respirando la brisa de escombros de barcos de la bahía, su olor a mierda, oyendo en el silencio del saxofón los ruidos cotidianos del patio, la nota única del sapo bajo las matas de guineo, la gota de agua en la tumba de nadie, los pasos naturales de la vida que antes no hablan tenido tiempo de conocer.
Cuando los padres de Nena Daconte regresaron a la casa, ellos habían progresado tanto en el amor que ya no les alcanzaba el mundo para otra cosa, y lo hacían a cualquier hora y en cualquier parte, tratando de inventarlo otra vez cada vez que 1o hacían. Al principio lo hicieron como mejor podían en los carros deportivos con que el papá de Billy trataba de apaciguar sus propias culpas. Después, cuando los coches se les volvieron demasiado fáciles, se metían por la noche en las casetas desiertas de Marbella donde el destino los había enfrentado por primera vez, y hasta se metieron disfrazados durante el carnaval de noviembre en los cuartos de alquiler del antiguo barrio de esclavos de Getsemaní, al amparo de las mamasantas que hasta hacía pocos meses tenían que padecer a Billy Sánchez con su pandilla de cadeneros. Nena Daconte se entregó a los amores furtivos con la misma devoción frenética que antes malgastaba en el saxofón, hasta el punto de que su bandolero domesticado terminó por entender lo que ella quiso decirle cuando le dijo que tenía que comportarse como un negro. Billy Sánchez le correspondió siempre y bien, y con el mismo alborozo. Ya casados, cumplieron con el deber de amarse mientras las azafatas dormían en mitad del Atlántico, encerrados a duras penas y más muertos de risa que de placer en el retrete del avión. Sólo ellos sabían entonces, 24 horas después de la boda, que Nena Daconte estaba encinta desde hacía dos meses.
         De modo que cuando llegaron a Madrid se sentían muy lejos de ser dos amantes saciados, pero tenían bastantes reservas para comportarse como recién casados puros. Los padres de ambos lo habían previsto todo. Antes del desembarco, un funcionario de protocolo subió a la cabina de primera clase para llevarle a Nena Daconte el abrigo de visón blanco con franjas de un negro luminoso, que era el regalo de bodas de sus padres. A Billy Sánchez le llevó una chaqueta de cordero que era la novedad de aquel invierno, y las llaves sin marca de un coche de sorpresa que le esperaba en el aeropuerto.
         La misión diplomática de su país los recibió en el salón oficial.  El embajador y su esposa no sólo eran amigos desde siempre de la familia de ambos, sino que él era el médico que había asistido al nacimiento de Nena Daconte, y la esperó con un ramo de rosas tan radiantes y frescas, que hasta las gotas de rocío parecían artificiales. Ella los saludó a ambos con besos de burla, incómoda con su condición un poco prematura de recién casada, y luego recibió las rosas. Al cogerlas se pinchó el dedo con una espina del tallo, pero sorteó el percance con un recurso encantador.
         —Lo hice adrede —dijo—  para que se fijaran en mi anillo.
         En efecto, la misión diplomática en pleno admiró el esplendor del anillo, calculando que debía costar una fortuna no tanto por la clase de los diamantes como por su antigüedad bien conservada. Pero nadie advirtió que el dedo empezaba a sangrar. La atención de todos derivó después hacia el coche nuevo. El embajador había tenido el buen humor de llevarlo al aeropuerto, y de hacerlo envolver en papel celofán con un enorme lazo dorado. Billy Sánchez no apreció su ingenio. Estaba tan ansioso por ~ el coche, que desgarró la envoltura de un tirón y se quedó sin aliento. Era el Bentley convertible de ese año con tapicería de cuero legítimo. El cielo parecía un manto de ceniza, el Guadarrama mandaba un viento cortante y helado, y no se estaba bien a la intemperie, pero Billy Sánchez no tenía todavía la noción del frío. Mantuvo a la misión diplomática en el estacionamiento sin techo, inconsciente de que se estaban congelando por cortesía, hasta que terminó de reconocer el coche en sus detalles recónditos. Luego el embajador se sentó a su lado para guiarlo hasta la residencia oficial donde estaba previsto un almuerzo. En el trayecto le fue indicando los lugares más conocidos de la ciudad, pero él sólo parecía atento a la magia del coche.
         Era la primera vez que salía de su tierra. Había pasado por todos los colegios privados y públicos, repitiendo siempre el mismo curso, hasta que se quedó flotando en un limbo de desamor. La primera visión de una ciudad distinta de la suya, los bloques de casas cenicientas con las luces encendidas a pleno día, los árboles pelados, el mar distante, todo le iba aumentando un sentimiento de desamparo que se esforzaba por mantener al margen del corazón. Sin embargo, poco después cayó sin darse cuenta en la primera trampa del olvido. Se habla precipitado una tormenta instantánea y silenciosa, la primera de la estación, y cuando salieron de la casa del embajador después del almuerzo para emprender el viaje hacia Francia, encontraron la ciudad cubierta de una nieve radiante. Billy Sánchez se olvidó entonces del coche, y en presencia de todos, dando gritos de júbilo y echándose puñados de polvo de nieve en la cabeza se revolcó en mitad de la calle con el abrigo puesto.
         Nena Daconte se dio cuenta por primera vez de que el dedo estaba sangrando, cuando abandonaron a Madrid en una tarde que se había vuelto diáfana después de la tormenta. Se sorprendió, porque había acompañado con el saxofón a la esposa del embaja—dor, a quien le gustaba cantar arias de ópera en italiano después de los almuerzos oficiales, y apenas si notó la molestia en el anular. Después, mientras le iba indicando a su marido las rutas más cortas hacia la frontera, se chupaba el dedo de un modo inconsciente cada vez que le sangraba, y sólo cuando llegaron a los Pirineos se le ocurrió buscar una farmacia. Luego sucumbió a los sueños atrasados de los últimos días, y cuando despertó de pronto con la impresión de pesadilla de que el coche andaba por el agua, no se acordó más durante un largo rato del pañuelo amarrado en el dedo. Vio en el reloj luminoso del tablero que eran más de las tres, hizo sus cálculos mentales, y sólo entonces comprendió que habían seguido de largo por Burdeos, y también por Angulema y Poitiers y estaban pasando por el dique de Loira inundado por la creciente. El fulgor de la luna se filtraba a través de la neblina, y las siluetas de los castillos entre los pinos parecían de cuentos de fantasmas. Nena Daconte, que conocía la región de memoria, calculó que estaban ya a unas tres horas de París, y Billy Sánchez continuaba impávido en el volante.
         —Eres un salvaje —le dijo—. Llevas más de once horas manejando sin comer nada.
         Estaba todavía sostenido en vilo por la embriaguez del coche nuevo. A pesar de que en el avión había dormido poco y mal, se sentía despabilado y con fuerzas de sobra para llegar a París al amanecer.
         —Todavía me dura el almuerzo de la embajada —dijo—. Y agregó sin ninguna lógica: Al fin y al cabo, en Cartagena están saliendo apenas del cine. Deben ser como las diez.
         Con todo Nena Daconte temía que él se durmiera conduciendo. Abrió una caja de entre los tantos regalos que les habían hecho en —Madrid, y trató de meterle en la boca un pedazo de naranja azucarada. Pero él la esquivó.
         —Los machos no comen dulces —dijo.
         Poco antes de Orleáns se desvaneció la bruma, y una luna muy grande iluminó las sementeras nevadas, pero el tráfico se hizo más difícil por la confluencia de los enormes camiones de legumbres y cisternas de vinos que se dirigían a París. Nena Daconte hubiera querido ayudar a su marido en el volante, pero ni siquiera se atrevió a insinuarlo, porque é le había advertido desde la primera vez en que salieron juntos que no hay humillación más grande para un hombre que dejarse conducir por su mujer. Se sentía lúcida después de casi cinco horas de buen sueño, y estaba además contenta de no haber parado en un hotel de la provincia de Francia, que conocía desde muy niña en numerosos viajes con sus padres. "No hay paisajes más bellos en el mundo", decía, "pero uno puede morirse de sed sin encontrar a nadie que le dé gratis un vaso de agua." Tan convencida estaba, que a última hora había metido un jabón y un rollo de papel higiénico en el maletín de mano, porque en los hoteles de Francia nunca había jabón, y el papel de los retretes eran los periódicos de la semana anterior cortados en cuadritos y colgados de un gancho. Lo único que lamentaba en aquel momento era haber desperdiciado una noche entera sin amor. La réplica de su marido fue inmediata.
—Ahora mismo estaba pensando que debe ser del carajo tirar en la nieve —dijo—. Aquí mismo, si quieres.
         Nena Daconte lo pensó en serio. Al borde de la carretera, la nieve bajo la luna tenía un aspecto mullido y cálido, pero a medida que se acercaban a los suburbios de París el tráfico era más intenso, y había núcleos de fábricas iluminadas y numerosos obreros en bicicleta.  De no haber sido invierno, estarían  ya en pleno día.
         —Ya será mejor esperar hasta París –dijo Nena Daconte.  Nena Daconte.
         — Bien calenticos y en una cama con sábanas limpias, como la gente casada.
         —Es la primera vez que me fallas —dijo él.
         —Claro —replicó ella—. Es la primera vez que somos casados. Poco antes de amanecer se lavaron la cara y orinaron en una fonda del camino, y tomaron café con croissants calientes en el mostrador donde los camioneros desayunaban con vino tinto.
         Nena Daconte se había dado cuenta en el baño de que tenía manchas de sangre en la blusa y la falda, pero no intentó lavarlas. Tiró en la basura el pañuelo empapado, se cambió el anillo matrimonial para la mano izquierda y se lavó bien el dedo herido con agua y jabón El pinchazo era casi invisible. Sin embargo, tan pronto como regresaron al coche volvió a sangrar, de modo que Nena Daconte dejó el brazo colgando fuera de la ventana, convencida de que el aire glacial de las sementeras tenia virtudes de cauterio. Fue otro recurso vano pero todavía no se alarmó. “Si alguien nos quiere encontrar será muy fácil", dijo con su encanto natural. "sólo tendrá que seguir el rastro de mi sangre en la nieve." Luego pensó mejor en lo que había dicho y su rostro floreció en las primeras luces del amanecer.
—Imagínate —dijo: —un rastro de sangre en la nieve desde Madrid hasta París. ¿No te parece bello para una canción?
         No tuvo tiempo de volverlo a pensar. En los suburbios de París el dedo era un manantial incontenible, y ella— sintió de veras— que se le estaba yendo el alma por la herida. Había tratado de segar el flujo con el rollo de papel higiénico que llevaba en el maletín, pero más tardaba en vendarse el dedo que en arrojar por la ventana las tiras del papel ensangrentado. La ropa que llevaba puesta, el abrigo, los asientos del coche, se iban empapando poco a poco de un modo irreparable. Billy Sánchez se asustó en serio e insistió en buscar una farmacia, pero ella sabía entonces que aquello no era asunto de boticarios.
         —Estamos casi en la Puerta de Orleáns —dijo. —Sigue de por la avenida del general Leclerc, que es la más ancha y con  muchos árboles, y después yo te voy diciendo lo que haces.
         Fue el trayecto más arduo de todo el viaje. La avenida del general Leclerc era un nudo infernal de automóviles pequeños y bicicletas, embotellados en ambos sentidos, y de los camiones enormes que trataban de llegar a los mercados centrales. Billy Sánchez se puso tan nervioso con el estruendo inútil de las boci—nas, que se insultó a gritos en lengua de cadeneros con varios conductores y hasta trató de bajarse del coche para pelearse con uno, pero Nena Daconte logró convencerlo de que los franceses eran la gente más grosera del mundo, pero no se golpeaban nunca. Fue una prueba más de su buen juicio, porque en aquel momento Nena Daconte estaba haciendo esfuerzos para no perder la conciencia.
         Sólo para salir de la glorieta del León de Belfort necesitaron más de una hora. Los cafés y almacenes estaban iluminados como si fuera la media noche, pues era un martes típico de los eneros de París, encapotados y sucios y con una llovizna tenaz que no alcanzaba a concretarse en nieve. Pero la avenida Denfer——Rochereau estaba más despejada, y al cabo de unas pocas cuadras —Nena Daconte le indicó a su marido que doblara a la derecha, y estacionó frente a la entrada de emergencia de un hospital enorme y sombrío.
         Necesitó ayuda para salir del coche, pero no perdió la serenidad ni la lucidez. Mientras llegaba el médico de turno, acostada en la camilla rodante, contestó a la enfermera el cuestionario de rutina sobre su identidad y sus antecedentes de salud. Billy Sánchez le llevó el bolso y le apretó la mano izquierda donde entonces llevaba el anillo de bodas, y la sintió lánguida y fría, y sus labios habían perdido el color. Permaneció a su lado, con la mano en la suya, hasta que llegó el médico de turno y le hizo un examen rápido al anular herido. Era un hombre muy joven, con la piel del color del cobre antiguo y la cabeza pelada. Nena Daconte no le prestó atención sino que dirigió a su mirada una sonrisa lívida.
         —No te asustes— le dijo, con su humor invencible. —Lo único que puede suceder es que este caníbal me corte la mano para comérsela.
         El médico concluyó el examen, y entonces los sorprendió con un castellano muy correcto aunque con raro acento asiático.
         —No, muchachos —dijo—. Este caníbal prefiere morirse de hambre antes que cortar una mano tan bella.
         Ellos se ofuscaron pero el médico los tranquilizó con un gesto amable. Luego ordenó que se llevaran la camilla, y Billy Sánchez quiso seguir con ella cogido de la mano de su mujer. El médico lo detuvo por el brazo.
         —Usted no— le dijo. —Va para cuidados intensivos—. Nena Daconte le volvió a sonreír al esposo, y le siguió diciendo adiós con la mano hasta que la camilla se perdió en el fondo del corredor. El médico se retrasó estudiando los datos que la enfermera había escrito en una tablilla. Billy Sánchez lo llamó.
         —Doctor —le dijo—. Ella está encinta.
         —¿Cuánto tiempo?
         —Dos meses.
         E1 médico no le dio la importancia que Billy Sánchez esperaba. "Hizo bien en decírmelo," dijo, y se fue detrás de la camilla. Billy Sánchez se quedó parado en la sala lúgubre olorosa a sudores de enfermos, se quedó sin saber qué hacer mirando el corredor vacío por donde se habían llevado a Nena Daconte, y luego se sentó en el escaño de madera donde había otras personas esperando. No supo cuánto tiempo estuvo ahí, pero cuando decidió salir del hospital era otra vez de noche y continuaba la llovizna, y él seguía sin saber ni siquiera qué hacer consigo mismo, abrumado por el peso del mundo.
         Nena Daconte ingresó a las 9:30 del martes 7 de enero, según lo pude comprobar años después en los archivos del hospital. Aque—lla primera noche, Billy Sánchez durmió en el coche estacionado frente a la puerta de urgencias y muy temprano al día siguiente se comió seis huevos cocidos y dos tazas de café con leche en la cafetería que encontró más cerca, pues no había hecho una comida completa desde Madrid. Después volvió a la sala de urgencias para ver a Nena Daconte pero le hicieron entender que debía dirigirse a la entrada principal. Allí Consiguieron por fin un asturiano del servicio que lo ayudó a entenderse con el portero, y éste comprobó que en efecto Nena Daconte estaba registrada en el hospital, pero que sólo se permitían visitas los martes de nueve a cuatro. Es decir, seis días después. Trató de ver al médico que hablaba castellano, a quien describió como un negro con la cabeza pelada, pero nadie le dio razón con dos detalles tan simples.
         Tranquilizado con la noticia de que Nena Daconte estaba en el registro, volvió al lugar donde había dejado el coche, y un agente de tránsito lo obligó a estacionar dos cuadras más adelante, en una calle muy estrecha y del lado de los números impares. En la acera de enfrente habla un edificio restaurado con un letrero: Hotel Nicole. Tenía una sola estrella, y una sala de recibo muy pequeña donde no habla más que un sofá y un viejo piano vertical, pero el propietario de voz aflautada podía entenderse con los dientes en cualquier idioma a condición de que tuvieran con qué pagar. Billy Sánchez se instaló con once maletas y nueve cajas de regalos en el único cuarto libre, que era una mansarda triangular en el noveno piso, a donde se llegaba sin aliento por una escalera en espiral que olla a espuma de coliflores hervidas. Las paredes estaban forradas de colgaduras tristes y por la única ventana no cabía nada más que la claridad turbia del patio interior. Había una cama para dos, un ropero grande, una silla simple, un bidé portátil y un aguamanil con su platón y su jarra, de modo que la única manera de estar dentro del cuarto era acostado en la cama. Todo era peor que viejo, desventurado, pero también muy limpio, y con un rastro saludable de medicina reciente.
         A Billy Sánchez no le habría alcanzado la vida para descifrar los enigmas de ese mundo fundado en el talento de la cicatería. Nunca entendió el misterio de la luz de la escalera que se apagaba antes de que él llegara a su piso, ni descubrió la manera de volver a encendería. Necesitó media mañana para aprender que con el rellano de cada piso habla un cuartito con un excusado de cadena, y ya había decidido usarlo en las tinieblas cuando descubrió por casualidad que la luz se encendía al pasar el cerrojo por dentro, para que nadie la dejara encendida por olvido. La ducha, que estaba en el extremo del corredor y que él se empellaba en usar des veces al día como en su tierra, se pagaba aparte y de contado, y el agua caliente, controlada desde la administración, se acababa a los tres minutos. Sin embargo, Billy Sánchez tuvo bastante claridad de juicio para comprender que aquel orden tan distinto del suyo era de todos modos mejor que la intemperie de enero, se sentía además tan ofuscado y solo que no podía entender como pudo vivir alguna vez sin el amparo de Nena Daconte. Tan pronto como subió al cuarto, la mañana del miércoles, se tiró bocabajo en la cama con el abrigo puesto pensando en la criatura de prodigio que continuaba desangrándose en la acerca de enfrente, y muy pronto sucumbió en un sueño tan natural que cuando despertó eran las cinco en el reloj, pero no pudo deducir si eran las cinco  de la tarde o del amanecer, ni de qué día de la semana ni en qué ciudad de vidrios azotados por el viento y la lluvia. Esperó despierto en la cama, siempre pensando en Nena Daconte, hasta que pudo com—probar que en realidad amanecía. Entonces fue a desayunar a la misma cafetería del día anterior, y allí pudo establecer que era jueves. Las luces del hospital estaban encendidas y había dejado de llover, de modo que permaneció recostado en el tronco de un castaño frente a la entrada principal, por donde entraban y salían médicos y enfermeras de batas blancas, con la esperanza de encontrar al médico asiático que había recibido a Nena Daconte. No lo vio, ni tampoco esa tarde después del almuerzo, cuando tuvo que desistir de la espera porque se estaba congelando. A las siete se tomó otro café con leche y se comió dos huevos duros que él mismo cogió en el aparador después de 48 horas de estar comiendo la misma cosa en el mismo lugar. Cuando volvió al hotel para acostarse, encontró su coche solo en una acera y todos los demás en la acera de enfrente, y tenía puesta la noticia de una multa en el parabrisas. Al portero del Hotel Nicole le costó trabajo explicarle que en los días impares del mes se podía estacionar en la acera de números impares, y al día siguiente en la acera contraria. Tantas artimañas racionalistas resultaban incomprensibles para un Sánchez de Avila de los más acendrados que apenas dos anos antes se había metido en un cine de barrio con el automóvil oficial del alcalde mayor, y habla causado estragos de muerte ante los policías impávidos. Entendió menos todavía cuando el portero del hotel le aconsejó que pagara la multa, pero que no cambiara el coche de lugar a esa hora, porque tendría que cambiarlo otra vez a las doce de la noche. Aquella madrugada, por primera vez, no pensó sólo en Nena Daconte, sino que daba vueltas en la cama sin poder dormir, pensando en sus propias noches de pesadumbre en las cantinas de maricas del mercado público de Cartagena del Caribe. Se acordaba del sabor del pescado frito y el arroz de coco en las fondas  del muelle donde atracaban las goletas de Aruba. Se acordó de su casa con las paredes cubiertas de trinitarias, donde serían apenas las siete de la noche de ayer, y vio a su padre con una piyama de seda leyendo el periódico en el fresco de la terraza. Se acordó de su madre, de quien nunca se sabía dónde estaba a ninguna una hora, su madre apetitosa y lenguaraz, con un traje de domingo y una rosa en la oreja desde el atardecer, ahogándose de calor por el estorbo de sus tetas espléndidas. Una tarde, cuando él tenía siete años, había entrado de pronto en el cuarto de ella y la había sorprendido desnuda en la cama con uno de sus amantes casuales. Aquel percance del que nunca había hablado, estableció entre ellos una relación de complicidad que era más útil que el amor. Sin embargo, él no fue consciente de eso, ni de tantas cosas terribles de su soledad de hijo único, hasta esa noche en que se encontró dando vueltas en la cama de una mansarda triste de París, sin nadie a quién contarle su infortunio, y con una rabia feroz contra sí mismo porque no podía soportar las ganas de llorar.
         Fue un insomnio provechoso. El viernes se levantó estropeado por la mala noche, pero resuelto a definir su vida. Se decidió por fin a violar la cerradura de su maleta para cambiarse de ropa pues las llaves de todas estaban en el bolso de Nena Daconte, con la mayor parte del dinero y la libreta de teléfonos donde tal vez hubiera encontrado el número de algún conocido de París. En la cafetería de siempre se dio cuenta de que había aprendido a saludar en francés y a pedir sándwiches de jamón y café con leche. También sabía que nunca le seria posible ordenar mantequilla ni huevos en —ninguna forma, porque nunca los aprendería a decir, pero la mantequilla la servían siempre con el pan, y los huevos duros estaban a la vista en el aparador y se cogían sin pedirlos. Además, al cabo de tres días, el personal de servicio se habla familiarizado con él, y lo ayudaban a explicarse. De modo que el viernes al almuerzo, mientras trataba de poner la cabeza en su puesto, ordenó un filete de ternera con papas fritas y una botella de vino. Entonces se sintió tan bien que pidió otra botella, la bebió hasta la mitad, y atravesó la calle con la resolución firme de meterse en el hospital por la fuerza. No sabia dónde encontrar a Nena Daconte, pero en su mente estaba fija la imagen providencial del médico asiático, y estaba seguro de encontrarlo. No entró por la puerta principal sino por la de urgencias, que le había parecido menos vigilada, pero no alcanzó a llegar más allá del corredor donde Nena Daconte le había dicho adiós con la mano. Un guardián con la bata salpicada de sangre le preguntó algo al pasar, y él no le prestó atención. El guardián lo siguió, repitiendo siempre la misma pregunta en francés, y por último lo agarró del brazo con tanta fuerza que lo detuvo en seco. Billy Sánchez trató de sacudírselo con un recurso de cadenero, y entonces el guardián se cagó en su madre en francés, le torció el brazo en la espalda con una llave maestra, y sin dejar de cagarse mil veces en su puta madre lo llevó casi en vilo hasta la puerta, rabiando de dolor, y lo tiró como un bulto de papas en la mitad de la calle.
         Aquella tarde, dolorido por el escarmiento, Billy Sánchez empezó a ser adulto. Decidió, como lo hubiera hecho Nena Daconte, acudir a su embajador. El portero del hotel, que a pesar de su  catadura huraña era muy servicial, y además muy paciente con los idiomas, encontró el número y la dirección de la embajada en el directorio telefónico, y se los anotó en una tarjeta.
         Contestó una mujer muy amable, en cuya voz pausada y sin brillo  reconoció Billy Sánchez de inmediato la dicción de los Andes. Empezó por anunciarse con su nombre completo, seguro de impresionar a la mujer con sus dos apellidos, pero la voz no se alteró  en el teléfono. La oyó explicar la lección de memoria de que el   señor embajador no estaba por el momento en su oficina, que no lo esperaban hasta el día siguiente, pero que de todos modos no  podía recibirlo sino con cita previa y sólo para un caso especial. Billy Sánchez comprendió entonces que por ese camino tampoco llegaría hasta Nena Daconte, y agradeció la información con la   misma amabilidad con que se la habían dado. Luego tomó un taxi y se fue a la embajada.
         Estaba en el número 22 de la calle Elyseo, dentro de uno de los  sectores más apacibles de París, pero lo único que le impresionó a Billy Sánchez, según él mismo me contó en Cartagena de Indias  muchos años después, fue que el sol estaba tan claro como en el Caribe por la primera vez de su llegada, y que la Torre Eiffel    sobresalía por encima de la ciudad en un cielo radiante. El funcionario que lo recibió en lugar del embajador parecía apenas restablecido de una enfermedad mortal, no sólo por el vestido de paño negro, el cuello opresivo y la corbata de luto, sino también por el sigilo de sus ademanes y la mansedumbre de la voz. Entendió la   ansiedad de Billy Sánchez, pero le recordó sin perder la dulzura con que estaban en un país civilizado cuyas normas estrictas se fundamentaban en criterios muy antiguos y sabios, al contrario de las Américas bárbaras, donde bastaba con sobornar al portero para  entrar en los hospitales. "No, mi querido joven," le dijo. No había más remedio que someterse al imperio de la razón, y esperar hasta  el martes.
         —Al fin y al cabo, ya no faltan sino cuatro días— concluyó.
         —Mientras tanto, vaya al Louvre. Vale la pena.
         Al salir Billy Sánchez se encontró sin saber qué hacer en la Plaza de la Concordia. Vio la Torre Eiffel por encima de los tejados, y le pareció tan cercana que trató de llegar hasta ella caminando por los muelles. Pero muy pronto se dio cuenta de que estaba más lejos de lo que parecía, y que además cambiaba de lugar a medida que la buscaba. Así que se puso a pensar en Nena Daconte sentado en un banco de la orilla del Sena. Vio pasar los remolcadores por debajo de los puentes, y no le parecieron barcos sino casas errantes con techos colorados y ventanas con tiestos de flores en el alféizar, y alambres con ropa puesta a secar en los planchones. Contempló durante un largo rato a un pescador inmóvil, con la caña inmóvil y el hilo inmóvil en la corriente, y se cansó de esperar a que algo se moviera, hasta que empezó a oscurecer y decidió tomar un taxi para regresar al hotel. Sólo entonces cayó en la cuenta de que ignoraba el nombre y la dirección y de que no tenía la menor idea del sector de París en donde estaba el hospital.
         Ofuscado por el pánico, entró en el primer café que encontró, pidió un cogñac y trató de poner sus pensamientos en orden. Mientras pensaba se vio repetido muchas veces y desde ángulos distintos en los espejos numerosos de las paredes, y se encontró asustado y solitario, y por primera vez desde su nacimiento pensó en la realidad de la muerte.  Pero con la segunda copa se sintió mejor, y tuvo la idea providencial de volver a la embajada. Buscó la tarjeta en el bolsillo para recordar el nombre de la calle, y descubrió que en el dorso estaba impreso el nombre y la dirección del hotel. Quedó tan mal impresionado con aquella experiencia, que durante el fin de semana no volvió a salir del cuarto sino para comer, y para cambiar el coche a la acera correspondiente. Durante tres días cayó sin pausas la misma llovizna sucia de la mañana en que llegaron. Billy Sánchez, que nunca habla leído un libro completo, hubiera querido tener uno para no aburrirse tirado en la cama, pero los únicos que encontró en las maletas de su esposa eran en idiomas distintos del castellano. Así que siguió esperando el martes, contemplando los pavorreales repetidos en el papel de las paredes y sin dejar de pensar un solo instante en Nena Daconte. El lunes puso un poco de orden en el cuarto, pensando en lo que diría ella silo encontraba en ese estado, y sólo entonces descubrió que el abrigo de visón estaba manchado de sangre seca. Pasó la tarde lavándolo con el jabón de olor que encontró en el maletín de mano, hasta que logró dejarlo otra vez como lo habían subido al avión en Madrid.
         El martes amaneció turbio y helado, pero sin la llovizna, y Billy Sánchez se levantó desde las seis, y esperó en la puerta del hospital junto con una muchedumbre de parientes de enfermos cargados de paquetes de regalos y ramos de flores. Entró con el tropel, llevando en el brazo el abrigo de visón, sin preguntar nada y sin ninguna idea de dónde podía estar Nena Daconte, pero sostenido por la certidumbre de que había de encontrar al médico asiático. Pasó por un patio interior muy grande con flores y pájaros silvestres, a cuyos lados estaban los pabellones de los enfermos: las mujeres a la derecha y los hombres a la izquierda. Siguiendo a los visitantes, entró en el pabellón de mujeres. Vio una larga hilera de enfermas sentadas en las camas con el camisón de trapo del hospital, iluminadas por las luces grandes de las ventanas, y hasta pensó que todo aquello era más alegre de lo que se podía imaginar desde fuera. Llegó hasta el extremo del corredor, y luego lo recorrió de nuevo en sentido inverso, hasta convencerse de que ninguna de las enfermas era Nena Daconte. Luego recorrió otra vez la galería exterior mirando por la ventana de los pabellones masculinos, hasta que creyó reconocer al médico que buscaba.
         Era él, en efecto. Estaba con otros médicos y varias enfermeras, examinando a un enfermo. Billy Sánchez entró en el pabellón, apartó a una de las enfermeras del grupo, y se paró frente al médico asiático, que estaba inclinado sobre el enfermo. Lo llamó. El médico levantó sus ojos desolados, pensó un instante, y entonces lo reconoció.
         Pero dónde diablos se había metido usted! —dijo. Billy Sánchez se quedó perplejo.
         En el hotel —dijo—. Aquí a la vuelta.
         Entonces lo supo. Nena Daconte había muerto desangrada a las 7:10 de la noche del jueves 9 de enero, después de setenta horas de esfuerzos inútiles de los especialistas mejor calificados de Francia. Hasta el último instante había estado lúcida y serena, y dio instrucciones para que buscaran a su marido en el hotel Plaza Athenée, tenían una habitación reservada, y dio los datos para que se hicieran en contacto con sus padres. La embajada había sido informada el viernes por un cable urgente de su cancillería, cuando ya los padres de Nena Daconte volaban hacia París. El embajador en persona se encargó de los trámites de embalsamamiento y los funerales, y permaneció en contacto con la Prefectura de Policía de París para localizar a Billy Sánchez. Un llamado urgente con sus datos personales fue transmitido desde la noche del viernes hasta la tarde del domingo a través de la radio y la televisión, y durante esas 40 horas fue el hombre más buscado de Francia. Su retrato, encontrado en el bolso de Nena Daconte, estaba expuesto por todas partes. Tres Bentleys convertibles del mismo modelo habían sido localizados, pero ninguno era el suyo.
         Los padres de Nena Daconte habían llegado el sábado al medio—día, y velaron el cadáver en la capilla del hospital esperando hasta última hora encontrar a Billy Sánchez. También los padres de éste habían sido informados, y estuvieron listos para volar a París, pero al final desistieron por una confusión de telegramas.   Los funerales tuvieron lugar el domingo a las dos de la tarde, a sólo doscientos metros del sórdido cuarto del hotel donde Billy Sánchez agonizaba de soledad por el amor de Nena Daconte. El funcionario que lo había atendido en la embajada me dijo años más tarde que él mismo recibió el telegrama de su cancillería una hora después de que Billy Sánchez salió de su oficina, y que estuvo buscándolo por los bares sigilosos del Faubourg—St. Honoré. Me confesó que no le había puesto mucha atención cuando lo recibió, porque nunca se hubiera imaginado que aquel costeño aturdido con la novedad de París, y con un abrigo de cordero tan mal llevado, tuviera a su favor un origen tan ilustre. El mismo domingo por la noche, mientras él sospechaba las ganas de llorar de rabia, los padres de Nena Daconte desistieron de la búsqueda y se llevaron el cuerpo embalsamado dentro de un ataúd metálico, y quienes alcanzaron a verlo siguieron repitiendo durante muchos años que no habían visto nunca una mujer más hermosa, ni viva ni muerta. De modo que cuando Billy Sánchez, entró por fin al hospital, el martes por la mañana, ya se había consumado el entierro en el triste panteón de la Manga, a muy pocos metros de la casa donde ellos habían descifrado las primeras claves de la felicidad. El médico asiático que puso a Billy Sánchez al corriente de la tragedia quiso darle unas pastillas calmantes en la sala del hospital, pero él las rechazó. Se fue sin despedirse, sin nada qué agradecer, pensando que lo único que necesitaba con urgencia era encontrar a alguien a quien romperle la madre a cadenazos para desquitarse de su desgracia.
         Cuando salió del hospital, ni siquiera se dio cuenta de que estaba cayendo del cielo una nieve sin rastros de sangre, cuyos copos tiernos y nítidos parecían plumitas de palomas, y que en las calles de París había un aire de fiesta, porque era la primera nevada grande en diez años.

tomado de: http://www.literatura.us/garciamarquez/rastro.html
Publicado por ARA CORREA en 14:16 No hay comentarios:
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domingo, 17 de noviembre de 2013

Carolina Giraldo Castaño, entre las finalistas del concurso RCN 2013

LES COMPARTO LA INFORMACIÓN QUE ME ENVÍA CAROLINA GIRALDO, CON RELACIÓN AL CONCURSO NACIONAL DE CUENTO RCN 2013.

 DESEAMOS  MUCHOS ÉXITOS Y NUESTRO RECONOCIMIENTO, APRECIO Y VALORACIÓN A CAROLINA.

UN ABRAZO, OHARA CORREA

From: caro-1006@hotmail.com
To: profeara@hotmail.es
Subject: FW: Retroalimentación, VII Concurso Nacional de Cuento
Date: Wed, 13 Nov 2013 17:39:34 -0500

Buenas tarde Profe. Éste es el correo que me enviaron desde el concurso de cuento. Muchísimas gracias por su apoyo con esto, por sus correcciones y por estar siempre tan pendiente. Muchas gracias por su acompañamiento éste año.


From: carolineegc@hotmail.com
To: caro-1006@hotmail.com
Subject: FW: Retroalimentación, VII Concurso Nacional de Cuento
Date: Wed, 13 Nov 2013 17:30:41 -0500




Date: Fri, 8 Nov 2013 15:19:19 -0500
To: carolineegc@hotmail.com
From: notificacion@colombiaaprende.edu.co
Subject: Retroalimentación, VII Concurso Nacional de Cuento

7º Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación Nacional


Apreciado Concursante CAROLINA GIRALDO CASTAÑO
El Séptimo Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación Nacional homenaje a Andrés Caicedo, agradece su participación en la convocatoria realizada durante el primer semestre del año.
Las 28.621 obras participantes pasaron, entre el 29 de julio y el 10 de septiembre, por un proceso de lectura inicial en el cual se seleccionaron los cuentos que pasaron a una segunda fase de evaluación.

Entre el 10 de septiembre y el 12 de octubre, un jurado nacional, conformado por profesionales expertos en literatura y en procesos de escritura, realizó la segunda lectura de estas obras.

Su cuento hizo parte de esta segunda fase de evaluación. A continuación encontrará una valoración cualitativa de cada uno de los aspectos analizados en el cuento. Esperamos que estas apreciaciones contribuyan con el fortalecimiento de su escritura.

  • ¿El cuento impacta favorablemente al lector?
    • El cuento es inquietante, impacta favorablemente y suscita nuevas percepciones.
  • ¿El cuento tiene un encanto especial y demuestra la capacidad creativa del autor?
    • El cuento denota capacidad creativa e imaginativa y posee un estilo propio.
  • ¿El cuento posee una secuencia narrativa coherente?
    • El cuento logra una secuencia narrativa coherente; responde a una lógica consciente y configura una red de sentidos.
  • ¿Los personajes, el espacio y el tiempo favorecen la narración?
    • Los personajes y los elementos espacio-temporales se correlacionan; se incorporan a la historia para articularse con la narración y favorecer el argumento.
  • ¿El manejo que el autor hace del punto de vista narrativo contribuye al desarrollo del cuento?
    • El punto de vista narrativo le permite al lector seguir el hilo del cuento de inicio a fin; los cambios asumidos se hacen de manera consciente.
  • ¿El título despierta interés y aporta a la significación del cuento?
    • El título despierta interés y aporta a la significación del cuento.
  • ¿El cuento, como unidad textual, mantiene relaciones de coherencia y cohesión?
    • El cuento posee recursos de coherencia y cohesión que favorecen la articulación del argumento.
  • La ortografía en el cuento es
    • La ortografía del cuento es excelente.

    Recomendamos que comparta y discuta con un docente o un profesional experto en escritura estas apreciaciones, con el fin de continuar perfeccionando su proceso escritor.
    Felicitaciones por este primer logro. Lo invitamos a seguir usando las herramientas virtuales que se ofrecen en el Portal Educativo Colombia Aprende y el micrositio del Concurso Nacional de Cuento.
    Finalmente, le informamos que para consultar si su cuento se encuentra en la lista de semifinalistas que pasan a la tercera fase de evaluación puede ingresar al siguiente link:
    http://www.colombiaaprende.edu.co/html/micrositios/1752/w3-article-333765.html

    Saludos,

    7º Concurso Nacional de Cuento RCN - Ministerio de Educación Nacional
    Publicado por ARA CORREA en 10:24 No hay comentarios:
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    lunes, 11 de noviembre de 2013

    AFICHES CENTENARIO DE LA INSTITUCIÓN ROMÁN GÓMEZ

    FELICITACIONES A LOS ESTUDIANTES DE DÉCIMO Y UNDÉCIMO POR EL EXCELENTE TRABAJO REALIZADO EN PRO DEL CENTENARIO INSTITUCIONAL. 
    CON GRAN RESPONSABILIDAD INVESTIGARON LA HISTORIA DE LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA, DISEÑARON Y PAGARON PARA QUE LES  ELABORARAN  ESTOS AFICHES, LOS CUALES FUERON EXHIBIDOS EN LA CASA DE LA CULTURA DE MARINILLA.

    ¡ES UN GRAN LEGADO PARA LA INSTITUCIÓN!


    MIL GRACIAS.....

    ALGUNAS MUESTRAS














    Publicado por ARA CORREA en 18:32 No hay comentarios:
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    lunes, 4 de noviembre de 2013

    Cuida la ortografia


     
    Les comparto esta información que me envían al correo. 
    Algunos mensajes no tienen  fuente ni autor especifico.


    Ortografía y educación




















    Publicado por ARA CORREA en 7:44 No hay comentarios:
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